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19 octubre, 2009

Una pequeña llamada Li

Vive de azul, porque azul no tienes domingos. Ríete al fin, que llorar trae tanto frío...

A estos hombres tristes, Spinetta





















En una mañana cálida es donde nuestra historia comienza. Sí, es soleada y lluviosa. Quizás te hayan enseñado que hay que evitar mojarse con la lluvia. Esta lluvia es diferente, realmente hermosa. De hecho, a Li le encanta cuando puede correr por el pasto mientras pequeñas gotas de agua se deshacen en su rostro.





















Pero Li no se encuentra fuera de casa en esta mañana de primavera-verano. Ahora se ha quedado en la habitación de mamá porque anoche hubo muchos ruidos aterradores. Sintió miedo. Se trataba de una de esas veces cuando caen rayos del cielo para destruir algún farol callejero o casa. A veces caían en las personas, y las dejaban tiradas como tripas secándose a centímetros del Sol. Li quería saber más.

–Mamá, ¿por qué caen los rayos en las personas?























Sabía que una vez a un señor le había caído uno en la cabeza. Lo vio en las noticias con tía Marié.

–Por casualidad. A veces es un castigo de Diosita.

Li sabía qué era la casualidad. Una vez Chiemi le tiró la pelota directo a la cabeza castañita. Luego todas las niñas celebraron con malicia. Papá le había dicho, mientras Li estallaba en lágrimas, que los accidentes pasan.






















Luego de la respuesta absoluta de papá, se quedó dormida. Seguidamente amanecerá un día soleado y lluvioso. Mamá y papá saldrán muy temprano a trabajar, laboran de lunes a sábado. Hoy es sábado y Li no asiste al Simone de Beauvior, a tres cuadras de su casa. Hoy se dedicará a jugar con Copito, su conejo pequeñito y blanco como la nieve. A Li le maravilla la nieve, se imagina que está en el paraíso, cuando Diosita creó a Eva y Adán. Si Adán no hubiese comido la fruta del árbol prohibido la nieve nunca se iría, piensa Li.





















La pequeña Li y sus padres viven en una casa blanca de tres pisos. Tienen una piscina y muchas habitaciones tapizadas con piel de cocodrilo y uno que otro leopardo. No recuerda haber vivido en otro lugar que no sea esta mansión dorada, ni haber sentido celos por alguna hermanita acurrucada en el regazo de mamá. No tiene amiguitas. Le queda Copito y sus libros de cuentos fantásticos: Las Aventuras de Nym y la Niña lechuza, Los Viajes de Brunhild, El Corazón del Mar. Li ya los ha leído todos, de hecho está queriendo leer los libros de la gente grande. Mamá tiene un millón de libros en su estudio, Li quiere devorárselos todos hasta el amanecer. Pero ahora están bajo llave y Shana la vigila al milímetro.


















–Quiero ir al parque.

La joven de 26 años no está segura si sería buena idea. Deberá ir con la niña, la calle juega con el peligro.

La verdad es que lo único peligroso de la calle son las personas. Shana lo sabe muy bien porque es adulta y conoce de la vida. Al menos conoce la vida más que Li. Y se siente en la obligación de protegerla hasta que ésta sea grande y fuerte, lista para romper el viento con sus puños. Shana deberá enseñarle el arte de batirse en duelo como es común hacer entre las niñas, sólo que Li tiene fuego azul bajo su pecho. Pero estábamos a punto de sacarla a pasear, que es lo que le encanta.

















–Toma tu casaca, hará frío más tarde.

Salieron a caminar por los prados maravillosos. En realidad no eran prados, sino parques, pero le gustaban igual. Le hubiera gustado también, llevar a Copito. De verdad que Copito era su mejor amigo.

–¿Qué tal el colegio? –suelta Shana.
–No me gusta –responde inexpresiva.

A Shana tampoco le gustó la escuela.



















La verdad es que Li era sensibilísima. Tenían que tratarla como a una flor. Shana la abrazó con dulzura.

–¿Por qué no vamos al Kony Park? –dice Li.

La niñera recuerda los días en que era niñita. Le gustaba tener muchos juguetes; aeroplanos y trenecitos. A Li también le gustan los trenecitos. Su mamá le había regalado uno enorme con muchos vagones de carga para su cumpleaños.
Soñaba con pilotear un avión. También quería ser policía, bombera y Capitán de barco.


















–Buenos días.
–Buenos días señorita.
–Al parque Kony por favor.

La pequeña se sabía el recorrido de memoria. Mientras el Audi rodaba por el asfalto, Li contaba las casas. Había una que llamaba su atención de manera excepcional, se trataba de una casona muy antigua. Lo curioso era que a pesar de sus grietas y manchas de polvo no perdía su belleza.





















–¿Qué te gusta hacer más que nada? –pregunta de pronto la niñera.

A Li le agradan muchas cosas, por ejemplo, viajar en el yate de mamá a las islas Galápagos en verano, nadar en la piscina que está en el patio, jugar a las escondidas con copito, jugar a los pillos y leer su libro favorito, “El Corazón del Mar”.

–Me gusta cuando estoy sola y puedo cantar muy fuerte –responde Li.
Eso es algo nuevo.

–Pero, ¿Por qué no cantas cuando hay personas alrededor?

Li pensó que era una pregunta muy difícil de responder.

–Porque se ríen.

Por fin llegaron al parque de diversiones. Hay grandes tubos de metal con asientos en el filo que dan vueltas en lo alto. Las luces de neón que hay en los tubos parecen mágicas. Li sólo puede pasearse en el carrusel de caballitos. Es lindo pasearse en los caballitos, se siente cosquilleo en el estómago.

–¡Mira Shana, también hay trenecitos! –dice Li a la niñera una vez que ha terminado de pasearse en los caballitos.
Y se paseó en los trenecitos muchas veces hasta que le dio vértigo.


















–Ya es hora de almorzar Li –advierte Shana.
–¡Tengo mucho hambre!

Toman un taxi de regreso a casa. Al llegar, mamá y papá ya estaban sentados a la mesa, listos para comer.

–Hola Linie –saluda papá, y le da un tierno beso en la mejilla.
–Hola mamá, hola papá.
–Hola hijita –dice mamá Claudia.
–Lo siento –dice Shana–, Li quiso ir a pasearse en los juegos mecánicos, y no me pude negar.
–No hay problema –dice mamá.

Li y Shana se sientan a la mesa. Papá hace sonar una campanita, luego de unos segundos el mayordomo aparece con unas fuentes de platos exóticos y deliciosos. Los cuatro tienen un rico almuerzo y Li les platica sobre su entretenida mañana. Una vez concluida la sobremesa, Shana se despide de la familia porque tiene que ir a clase.




















–Adiós Li –sonríe Shana –, fue muy divertido.
–¡Adiós! –responde la pequeña.

Al día siguiente, la familia Lang se irá al campo.
–¡Levántate Linie! –llama mamá.

Linie está muy cansada. La pequeña niña no tiene ánimos de ir. A pesar de ello hace un esfuerzo por ponerse en pie. Luego de que los padres tuvieron todo preparado, los tres subieron a la enorme camioneta negra y enrumbaron hacia el bosque.






















Aquel día terminó siendo muy feliz, porque Shana también había ido al campo.


–¡Hola! –grita Li eufóricamente.
–¡Li!, ¿cómo estás? Te veo un poco alicaída.
–No ahora que te encontré.

Y así, comenzó a surgir una gran amistad entre las dos jovencitas.




















Li ya no se sentía tan solitaria, y Shana encontró en Li a una niña delicada y peculiar. De hecho, Shana se sentía identificada con la infanta, le hacía recordar cuando era pequeña, muy tímida también; gustaba de jugar con trenecitos, aviones y su mascota, que también era un conejo, pero no blanco, sino azul.
























Con el correr de los años, Li encontró la madurez y se convirtió en una brillante y hermosa joven. Entonces comprendió que la amistad no distingue edades, ni lugares, ni posiciones sociales.
Y sobre todo aprendió que una amiga de verdad es una amiga para toda la vida.










6 comentarios:

Mary dijo...

Me parece una preciosidad. Un placer descubrirte.

besos

Mary


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isobel dijo...

jo no es poco lo que dice el último parrafo, un abrazo

AdR dijo...

Creo que has escrito un cuento para niños la mar de ameno, pienso que ellos se quedarían boquiabiertos al oírte leerlo.

Y eso es difícil conseguirlo.

Besos.

Eliseo dijo...

Muy hermnosa..y tierna a la vez..felicitaciones..sigue asi.,espero ver otra publicacion asi.saludos

Paky dijo...

Por casualidad. Es un castigo de Diosita.....polémica abierta, el hacedor del mundo fue hombre ó mujer....sigo afirmando que tu literatura es interesante e importante porque despierta en el lector inusitadas preguntas de algo que daba por confirmado oleado y sacramentado.

Anónimo dijo...

Y sobre todo aprendió que una amiga de verdad es una amiga para toda la vida... vez... te extraño... azulísima...

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