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12 marzo, 2010

Sylvia Plath


Herr Dios, Herr Lucifer
Cuidado.
Cuidado.
Desde las cenizas me levanto
Con mi cabello rojo
Y devoro hombres como el aire.


PLATH: Lady Lazarus






Lo hice nuevamente.
Uno de cada diez años
puedo soportarlo…

una especie de milagro ambulante, mi piel
brilla como una pantalla nazi,
mi pie derecho

un pisapapeles,
mi rostro sin forma, delgado
lienzo judío.

Retira la compresa,
¡ah, enemigo mío!
¿te doy miedo?…

¿La nariz, la fosa de los ojos, toda la dentadura?
El aliento agrio
un día se desvanecerá.

Pronto, pronto la carne
que alimentó la grave sepultura me será
familiar

y yo seré una mujer sonriente,
sólo tengo treinta.
Y como el gato tengo nueve vidas que morir.

Ésta es la Número Tres.
Qué basura
para la aniquilación de cada década.

Qué millón de filamentos.
La multitud como maní prensado
se atropella para ver

desenvuelven mis manos y pies…
el gran strip tease
señoras y señores

éstas son mis manos
mis rodillas.
Puede que esté piel y huesos,

sin embargo, soy la misma e idéntica mujer.
La primera vez que ocurrió, tenía diez.
Fue un accidente.

La segunda vez quise
que fuera definitivo y no regresar jamás.
Me mecí doblada sobre mí misma

como una concha.
Tuvieron que llamar y llamar
y quitarme uno a uno los gusanos como perlas viscosas.

Morir
es un arte, como cualquier otro,
yo lo hago excepcionalmente bien.

Hago que se sienta como un infierno.
Hago que se sienta real.
Creo que podrían llamarlo un don.

Es tan fácil que puedes hacerlo en una celda.
Es tan fácil que puedes hacerlo y quedarte ahí, quietita.
Es el teatral

regreso a pleno día
al mismo lugar, a la misma cara, al mismo grito
brutal y divertido

“¡Milagro!”
que me deja fuera de combate.
Hay un precio a pagar

para mirar las escaras, hay un precio a pagar
para auscultar mi corazón…
late de veras.

Y hay un precio a pagar, un precio mayor
por una palabra o un contacto
o un poquito de sangre

o una muestra de mi cabello o de mi ropa.
Bueno, bueno, Herr Doctor.
Bueno, Herr Enemigo.

Soy vuestra opus,
soy vuestra valiosa
niña de oro puro

que se funde en un chillido.
Giro y ardo.
No crean que no estimo su enorme preocupación.

Cenizas, cenizas…
Ustedes atizan y remueven.
Carne, hueso, no hay nada allí…

Un pan de jabón,
un anillo de bodas,
un empaste de oro.

Herr dios, Herr Lucifer
cuidado
cuidado.
Sobre las cenizas
me elevo con mi cabello rojo
y devoro hombres como aire.


PLATH: Lady Lazarus
Del libro de poemas "Ariel"





El 27 de octubre de 1932 nació la leona de Dios, Sylvia Plath.
Poeta y artista estadounidense,
torturada por las consignas patriarcales de su época,
sus propios demonios
y la disfuncional familia en que le tocó nacer.

Extremadamente dotada para las Literatura.
Precoz y ambiciosa,
sus escritos fueron publicados desde los ocho años
en revistas y diarios de prestigio en su nación.
Más adelante sería recipiente de
una beca Fulbright para cursar estudios
universitarios en Cambridge (Inglaterra).

Ejerció la docencia y se dedicó a la Poesía.
El Coloso, su primer libro de poemas
fue recibido parcamente.
Durante su estadía en Londres conoció
a Ted Hughes, quien le propuso matrimonio,
sólo para asumir
el papel de macho dominante
en la vida de Plath, una mente
demasiado brillante
como para soportar los roles
domésticos que la presión social
parecía imponerle como una cascada
de petróleo sangriento sobre
sus ojos de linterna.
I am too pure for you or anyone.
Your body
Hurts me as the world hurts God. I am a lantern
Sylvia Plath: Fever 103°
         Soy demasiado pura para ti o cualquiera.
Tu cuerpo
Me hiere como el mundo a Dios. Soy una linterna.
Plath: Fiebre 103°


En vida escribió una flamígera obra
que abarca la novela (La Campana de Cristal),
la narrativa infantil (El Libro para dormir, El traje que-no-importa,
La Cocina de la señora Cherry); la poesía:
El Coloso, Ariel, y la obra que le valió el
Premio Pulitzer en 1982, Colección de Poemas, siendo la primera
persona en recibirlo póstumamente.

Sylvia es la voz poética Americana más famosa y controversial
del s. XX.
Se han escrito alrededor de 103 libros sobre su vida y obra.
Aunque murió por voluntad propia a la
inconcebible edad de treinta años,
el legado que dejó tras de sí
permanecerá encendido.

Ella es como una Estrella
rascándose las heridas
quemazón de su propia luz.




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2 comentarios:

Andri Alba dijo...

Se me pusieron los pelos de punta al leer esto. De verdad, me excita tanto la cabeza leer cosas como esta. Saca la mejor parte de mi. El demonio que llevo dentro, que lo adoro egocéntricamente y egoístamente hablando. Un abrazo!

oximoron dijo...

wow! I am a Sylvia Plath-fan!

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