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27 abril, 2010

La Batalla del Mar

Kandinsky: Sea Battle





Algunos guerreros resucitaron con la cara expuesta al sol. Otros lograron derramarse sobre su espíritu como una ola de raíces herbívoras al poco rato de salir la Noche. En la batalla del Mar, los enemigos eran seres auríferos que, por terquedad sorda, reclamaban como territorio suyo las aguas. Tan sólo ver la belleza de ese océano sempiterno hacía que los de su progenie compraran trajecitos de elástico y se embarcaran a trepar las olas. Otros preferían llover hacia dentro y sumergirse en un océano rojo y denso; aunque siempre danzaban al ritmo del mar, y cuando la Diosa de las Aguas surgía de la pendiente acuífera sin fondo, todos aullaban al ocaso y se perdían en sus trajecitos de baño ridículos. Así transcurría la vida en la Batalla del Mar, donde los peces morían por respirar aire y los malditos guerreros usurpadores depredaban el agua. Algún tiempo después los guerreros y el mar llegarían a un acuerdo: Nadie podría beber agua o aire de nuevo. Entonces se levantaron con el gorjeo terrible de los pájaros, ensillaron sus ranas, e hicieron crecer alas en sus lomos verdes. Volaron hacia otros planetas en busca de un mar más generoso.

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