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08 octubre, 2010

Descubriendo a MVLL

Pertenecía, todavía, a un extraño recinto donde nos obligaban a usar un uniforme gris con camisa blanca y zapatos negros, lazo azul y moño estrecho, lentes y nariz aguileña, timidez, cuerdas vocales de temperatura fría, quijotescos maestros que enseñaban sabiduría de los libros más viejos y más decentes. Entonces, las lecturas eran también obligadas, perros y ciudades de goma, hambre, soledad, galletas con fresa, atún en bolsas, latas de amor, soledad vacía, congoja, nostalgia, tarzanes pequeños sobre catedrales, monjas, madera, angustia, silencio, champú de seda, silencio...






Con el pasar de los años dejé de admirarlo, ya no me entusiasmaba formar las interminables colas para obtener su firma, las siglas de su nombre completo en un trazo sosegado y también fatigado. Entonces lo veía, ya, como un escritor pituco, adinerado, mareado por los tantos reconocimientos y doctorados, reticente, incólume, frío, adusto, indiferente y hasta despectivo. Dejé de leerlo, hasta ese minúsculo espacio de tiempo había alcanzado a saborear los clásicos La ciudad y los perros, Los jefes, La tía julia y el escribidor, El Paraíso en la otra esquina, El pez en el agua, Ojos bonitos, cuadros feos, y por último La Historia de Mayta (también algunos ensayos como el atrevido Caca de elefante). De todos modos dejé de admirarle, de seguirle fervientemente, convencida de que se trataba de alguien que había intentado ser un escritor a como dé lugar no habiendo nacido entonces con esa predisposición genética, forzando la caída en las Letras, apelmazando un talento a cuentagotas, escribiendo febrilmente para recibir premios.

Hoy lo escuché de nuevo, recordé esa voz torturada que nadie percibe, esa mirada sufrida, de quien ha tenido que atravesar everests para respirar un poco de aliento de mar, o la sonrisa del sol, aunque fuere por unos segundos...







Recordé esas firmas que me regaló, casi a regañadientas, en sendas ferias de libro que tan mordazmente llegué a criticar.
Deseé que lo estuviera disfrutando, aunque fuera sólo un premio, aunque él fuera sólo un escritor.

El premio que todos los escritores y escritoras anhelan.


08/10/2010

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