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28 enero, 2011

Reseña Nro 3: Sobre Prosternación, primer libro publicado (Ediciones Prometeo Desencadenao)

¿A los pies de La Belleza?

Por José Guibert


Cómo el báculo que recibe el joven profeta –en este caso, la sibila, flamante vidente para una Terranova que no ha de avergonzarse de su deuda con La Gran Diosa Madre- e incinera en su interior todo atisbo de incertidumbre y fatuidad, Nathaniel King asume su condición de Suma Sacerdotisa de La Palabra, presta a callar silencios estridentes y convenciones blasfemas. La rabia y la ternura de prístinos enviados marcarán su derrotero, fungiendo como los milagros que sabrá diseminar, en tanto su violento afán de trascendencia logrará mellar más de una mente profana.
¿No son acaso la incomprensión, el temor y la marginalidad los sacramentos iniciales recibidos por los ígneos?
En el apostolado de la joven no hay mayor dios que La Belleza: El Arte en toda su plenitud, y ante él/ella (Gran Andrógino Adversario de Caretas) se postrará una y otra vez durante la particular gesta llevada a cabo desde el vientre de su progenitora. El estilo empleado para narrar esta epopeya urbana, intimista y al mismo tiempo sideral, es refinado y exuberante, casi voluptuoso, impulsivo por momentos y definitivamente descarnado; partimos de un recuento -quizá un prontuario delictivo o psicopatológico, según el prisma de almas abominablemente castas- de la conducta y motivaciones de Nathaniel, su personalidad descollante e inteligencia sólida, influencias literarias y rebeldía a flor de piel. Rebeldía contra lo mediocre y estéril, indocilidad hacia rituales cotidianos pletóricos en estupidez, insurrección y vendetta por horas y siglos de vileza contumaz. ¿Otro adocenado rebelde sin causa o subversiva de pandereta? En lo absoluto. Se perciben hondas reflexiones tras la agresividad de sus actos y el letal desprecio profesado a la humanidad en su conjunto. No estamos ante una vulgar misántropa gestada por un mundo exánime, hablamos más bien de su ejecutora inmisericorde.
Y al mismo tiempo, de su redentora.
Mediante el empleo de epístolas, redactadas por sus allegados (padres, una compañera de estudios, algún pretendiente… y Darketta, amante fiel y luminosa, sombría muchacha de pulsaciones prometeicas, al igual que King) asistimos a la exposición de una psique distinta, maravillosamente extraña, visionaria, extrema. Finalmente, el hallazgo de su implacable diario y la inmolación (*) a la cual se dirigirá plena de gozo, erigirán definitivamente la certeza de un ser sobrenatural.
“Al decir que nunca me comporté acorde con mi género espero dar a entender que tampoco me comporté como el otro sexo.
Soy ese eslabón perdido que ha nacido adelantado a su tiempo.
Soy vulnerable y mi pecho es de acero.
Tengo compasión por los desdichados, siento ternura infinita hacia los niños y soy indolente. Soy increíblemente antisocial y soy un genio en el arte de pretender. Soy invisible y soy imponente.”
Inquina y afabilidad yacen entrelazadas, a manera de dos cuerpos amantes que hace mucho olvidaron las restricciones de una naturaleza abyecta.
“No pude contenerme y la apreté contra mí y la besé. La arrinconé contra la pared y traté de desabotonarle la blusa. Por fin pude tocarla, besarla, estrujarla en mi pecho. (…) Ella no reaccionó, al principio sólo se dejó tocar. Después fue como si despertara de pronto y me empujó con una fuerza tremenda, fui a parar al suelo. Se arregló la blusa y se acercó con una ira descomunal. Quedé parado mirándola, todavía con el sabor de haberla tocado. Me pateó la cara, sentí un chorro de sangre por mi nariz. Me levantó de la camisa y me aplastó contra la pared pegándome con sus puños demasiado rápido. Yo no pude hacer nada, sentía que me merecía eso y más (…) Bueno, era mi culpa todo eso que pasó, por osar tocarla a ella, a Nathaniel, la diosa de acero.”
Es la revancha de La Tierra, Deidad Tangible, ante el mitómano Padre que osó usurpar El Cielo. Revancha violentísima, afín a una tempestad o terremoto, por todos los eones de lascivia y brutalidad con la cual los mercenarios osaron tratas a las hijas de La Luna. Ahora, retomando el denuedo de Hipólita, Mirina o Pentesilea, la última de sus guerreras, Nathaniel King, censura las torpes intenciones del espantajo que no supo hurgar en el ánima.
Y al parecer es sólo el primero en una larga cadenada de amonestados.
La protagonista -y quiero pensar, la autora, Karina Bocanegra Salcedo- menciona a Virginia Woolf y Sylvia Plath, Los Poetas Malditos y Sábato como el grupo de autores de mayor repercusión en su trabajo, y yo, estimulado por la prosa desplegada bajo mis ojos, encontré ecos de Safo y vestigios de Las Dos Marys (madre e hija: Wollstonecraft y Shelley), Jane Austen y una atracción por la soledad en su estado metafísico e inhumano que me hizo pensar en Lovecraft, más bienvenidas explosiones de violencia, sin rodeos, dignas de un David Goodis.
El deleite fisgón que se experimentó leyendo las obras capitales de Pierre Ambroise Choderlos de Laclos y Bram Stoker son percibidas aquí y hasta ese nombre, musical, lejano, de Nathaniel King trae reminiscencias del autor de La Letra Escarlata o la denuncia de la hipocresía inherente en toda forma de puritanismo y normalidad.
Pero, sobre todo, Prosternación, primera obra en prosa de Karina Bocanegra, trae señales de ella misma, de una mujer, una alquimista, capaz de convertir las letras en palabras y estas, en Verdades.
Y yo no puedo hacer más que postrarme ante eso.


(*) Mayor sacrifico que sobrellevar esta vida infame y luchar contra ella, no creo que pueda concebirse…





29/09/2010. Bethoven Medina, Karina Bocanegra, César Olivares.


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