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21 febrero, 2011

La Maldición de ser un Genio (I): Arthur Rimbaud


Artículo publicado el 20.02.2011 en el suplemento Enfoque del diario
La Industria de Trujillo
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Uno de los poetas malditos más visionarios y transgresores de su tiempo. Jean Nicolas Arthur Rimbaud nació el 20 de octubre de 1854 en Charleville, Francia. Inefablemente precoz y categóricamente rebelde, escribió una de sus obras poéticas más perfiladas a los dieciséis años, “El Barco Ebrio”: poema simbolista cuya temática aborda la belleza, el mar, la desesperanza y el anhelo. No se sabe a ciencia cierta si sus “Iluminaciones” fueron concebidas antes o después del mítico Una Temporada en el Infierno.

Infancia
Alumno ejemplar y precoz, a los catorce años se hizo merecedor de todos los premios que otorgaba su escuela; sin embargo no tardaría en desbordar su imaginación y deseos ardientes de libertad. Es por ello que logró escapar de casa –en varias oportunidades– para ver el mundo. Es disuadido de no regresar jamás por su mentor de la escuela. Pero contener a Rimbaud era como tratar de eclipsar el sol.
“Qué me importa a mí que Alejandro/ fuese célebre? Qué me importa… /¿quién sabe si los latinos han existido?/ Tal vez es una lengua inventada/y aunque hayan existido/que me dejen ser rentista y que se guarden/su lengua para ellos. qué mal les /–he hecho yo para que me asesten/ el suplicio. pasemos al griego…. esa/ sucia lengua no la habla nadie/ ¡nadie en el mundo!...” (Rimbaud, 1864)

Afanes de gloria
En 1870 decide enviar una carta de presentación y algunos poemas a Théodore de Banville:
“…Dentro de dos años, tal vez dentro de uno, estaré en París (…) ¡Yo seré Parnasiano! Ignoro eso que llevo aquí… que quiere aflorar… Juro, querido maestro, venerar siempre las dos diosas, Musa y Libertad.”
Banville le respondió afablemente, pero ninguno de los escritos del novicio fueron publicados. Rimbaud se iba desilusionando del Parnasianismo y conforme avanzaba en su lírica, así como en su vida personal, iba siendo rechazado por los círculos literarios de París. Ello a postrimerías de haberse carteado con Verlaine, el cual le invitaría a pasar una temporada con su familia.

Los amantes infernales
Se hicieron amantes, juntos vivieron el desenfreno a través del uso exacerbado del alcohol, el sexo, drogas y lo que el genio clamaba en sus famosas Cartas del Vidente: “El poeta se hace vidente por medio de un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos”. Los episodios trágicos que sobrevinieron a la relación con Verlaine despertaron en él una desazón emocional pronunciada. Fruto de ese desarreglo escribe la que sería su obra más controversial, Une saison en enfer. Poco después abandonaría toda intención literaria, renunciando definitivamente a la Poesía. Acababa de cumplir los veinte. Ahora puedo decir que el Arte es una tontería (A. Rimbaud).

Últimos años
Los años siguientes estuvieron plagados de una incesante búsqueda. Recorrió gran parte de Europa, incluyendo Inglaterra y los Alpes. Aterrizó sobre las Indias Orientales, fue el primer hombre blanco en pisar Etiopía (la National Geographic Society reportó tal “hazaña”). Trabajó como traficante de armas, exportador de café, y fue tratante de esclavos. Conforme pasaban los años, la figura mítica del genio se iba acrecentando hasta tomar matices inesperados. Así, algunos de sus poemas en prosa fueron publicados en la prestigiosa La Vogue (cortesía de Verlaine). Tanto el genio profético de Rimbaud, como su poesía y filosofía existencial, han sido objeto de vastos estudios teóricos y filosóficos. Una Biografía de Enid Starkie es una de las obras más completas que aborda sus misterios.

Tributo al genio de Charleville
Antaño, si mal no recuerdo, tu poesía era el vino donde se derramaban todas las oraciones, donde bebíamos nuestros lamentos y derramábamos miseria y juventud transida. Arthur, querido, has muerto, ¡¿dónde se halla tu cuerpo?! Carcomido por gusanos y tierra. Dónde te hallaremos ahora que has fenecido en el mar de sangre rota. Tantas veces has hablado, tu voz es un color, tu piel una muchacha a punto de desvestirse, tu nombre una temporada en el infierno nuestro. Ahora sólo quedan siglos de recuerdos, habremos de remembrarte toda la vida, muchacho loco, habremos de discursar en torno a la imagen de tu nombre. Pobre hombre, murió solo y cansado, seco de palabras. Estabas hambriento y aún hoy nadie sabe cómo saciarte. No entierres tus recuerdos, sírvenoslos como banquete; no estuviste solo, nuestros corazones se abrieron para cobijarte el pan en todos los almuerzos, en todos los recitales idiotas. Has de ser un mito, un recuerdo, ¡sólo eso! Si partimos de la Ley del Péndulo has de volver transformado en carne. (K.B.)

El genio es recuperarse de la infancia a voluntad
Rimbaud abandonó el mundo de los vivos a los 37 años. Había amasado una pequeña fortuna. Para Rimbaud, la Poesía no fue más que un vehículo para alcanzar la iluminación. Creyó haberla obtenido cuando adolescente, poco después se dio cuenta de su error y dimitió de su empeño por volverse vidente. Eso es lo que distingue su genialidad, haberse dado cuenta de la cruel realidad en todas sus magnitudes y colores cuando aún empezaba a vivir. (Karina Luz, 2011).



Gracias por estacionarse sideralmente. ¿Pensamientos secretos sobre Jean Nicolas Arthur Rimbaud? Escríbalos en la sección comentarios. Hasta el próximo Fuego Universal.



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