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11 marzo, 2011

Sobre el poemario de Ernesto Zumarán

LOS TEMPLOS AUSENTES
ELUCUBRACIONES DE UN SOLITARIO QUE AMÓ PROFUNDAMENTE


Por Karina Bocanegra Salcedo


La Poesía. ¿Cómo definir un arte que pocos leen y nadie comprende? La profundidad de su cuerpo le hace perder la cabeza al más osado. Sus caderas ecuménicas despiertan abismos incandescentes entre trovadores y artistas de rock. Yo sé que la poesía es imprescindible, pero no sé para qué, decía Jean Cocteau. Sin embargo, es posible sentirla, olerla, transformarnos al rozarla, aunque fuere en infinitesimales átomos. Pero el silencio es cierto. Escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola, todos ustedes aquí, tiemblan. Empezaré por faltarle el respeto al silencio maravilloso, porque en Los Templos Ausentes de Ernesto Zumarán, la muerte y el silencio son elementos fantasmagóricos, novedosos, elásticos como la incertidumbre; ¿Es la muerte un templo?, ¿Lo es el amor? Pocas palabras sirven para describir la belleza, (término cuyo significante es aún más ambiguo que el poema que se canta a sí mismo pero huye de su auto-creación/flagelación).

Fragmento del poema tres, parte primera: El Desierto.

Son verdes los campos cuando alguien
dulcemente los contempla,
Pero también son verdes los desiertos,
la pálida osamenta que guarda en su incierto hueso
vidas que un día o una noche
nombraron entre los umbrosos confines de sus manos
el sabroso guiño de la tiniebla.

Zumarán es capaz de urdir con deliciosa musicalidad metáforas que hincan la llaga del poema con precisión. Su estilo, lejos de ser posmoderno (muchos detestan la posmodernidad y se tildan de retrógrados), regresa a las formas simbolistas que nuestros padres legaron un par de siglos atrás.
Ahora, voy a rasgar el silencio con aversión. Cuando empecé a leer los Templos Ausentes en formato digital, pensé que iría a ser una jornada monótona (los que me conocen saben el porqué). Y lo fue durante algunos minutos, sin embargo…
Todo poema es luz
pájaro dorado que canta lejos
de la frontera de la muerte
Demarcar la frontera de la muerte y la luz (el poema) es un eco poderoso. En adelante los versos serán cantados con ímpetu y sutileza naturales. ¿Acaso esa enfermiza soledad que rodean los ecos? Las causantes del mágico porvenir del poema noveno:
desierto + desierto = paraíso
Ausencia, desiertos, muerte, ¡paraíso! Para edificar un templo ausente, hace falta haber conocido el color del silencio, los miles de colores; las puertas miles de la barbarie pronunciada, de esa voz hedionda; el poema surge como una barcaza en llamas, furibunda pero acompasada, ignívoma pero ignota; sufre por quemazón propia, se auto-incinera.

dejad entonces que me lancen todas las estrellas,
que mis hijos me recuerden en sus sueños

Se pueden palpar todas las estrellas. Se pueden oler esos sueños. De eso se trata la Poesía. ¡Porque nadie jamás podrá entenderte! Y eso precisamente es lo maravilloso de tu cuerpo etéreo y esa sonrisa visceral. Tenemos el honor de acompañar a un libro de silencios; el acto de crear no es más que un proceso vital y orgánico. La iluminación no existe. Sólo los brillos del alma, el resplandor de las cosas inútiles. Y la muerte.
Borges decía, en su infinita sabiduría, que el amor difiere de la amistad en la ausencia, en la periodicidad. Un amante es siempre un esclavo, decía Germaine de Staël. ¿Por qué hablan de amor cuando quieren decir sexo?, afirmaba Groucho Marx. Nunca amamos a nadie: amamos, sólo, la idea que tenemos de alguien. Lo que amamos es un concepto nuestro, es decir, a nosotros mismos; decía el sabio Pessoa. Hay tantas formas de explicar un proceso bioquímico que involucra de manera grotesca la segregación de una serie de hormonas que pecan de humanas. Sin embargo, el proceso del enamoramiento no es más que eso, una prolongada y casi siempre finita segregación de feniletilamina. No voy a caer en tecnicismos, pero sí hace falta reinventar el amor, y hace dos siglos que Rimbaud se lo planteó.

tu cuerpo solitario
me busca incesante
con su orgullosa ausencia

La ausencia de lo que se nombra resulta –también- un increíble tormento.
Sellaré esta noche inundada por humanos sedientos con el verso más ausente de los Templos Ausentes:

Sé que fuera de esta habitación el fuego
inventa sus infranqueables muros.
También fuera de la carne
el sol arde detrás de todo límite.

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