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22 mayo, 2011

Luz de Mayo


(De izq. a der.) Albert Michelson y Albert Einstein


El 09 de mayo de 1931 dejó de existir Albert Abrahm Michelson, primer americano en recibir el Premio Nóbel de Física en 1907. La historia de su vida y reconocimiento me resultó interesante a raíz de una adaptación de su adolescencia en una serie de tv de los años 50; Albert no hubiera sido jamás un físico de preparación universitaria superior de no haber sido por tu tenacidad para enfrentar lo obstáculos burocráticos que le impedían asistir a la Escuela Naval de Annápolis -a pesar de su evidente genio para las Matemáticas y la Física-, lo cual le impulsó a experimentar con espejos para descubrir la velocidad de la luz.

Vino a mi mente la época universitaria cuando me enseñaban profesores que no toleraban puntos de vista diferentes. Evoco anécdotas de corte humorístico y sarcástico, que me recuerdan años escolares, y aún, años de no-existencia. La verticalidad de los maestros "omnipotentes" que me tocó sortear en las aulas universitarias, y debido -además- a mi carácter rebelde y monstruoso. Aversión rutilante de mutua correspondencia durante mi interacción con la sagrada "Alma Mater". Pero el tema principal recae en el maestro que casi no permitió a Albert Michelson ser aceptado en Annápolis, lo cual le permitiría desarrollarse en el campo de la Física y, posteriormente, inmortalizarse en la Historia a través de una contribución a la humanidad de grandes magnitudes como lo es el haber descubierto la fórmula exacta para descifrar la velocidad de un fenónemo tan inexplicable como cotidiano: la luz. Si bien es cierto, el maestro en cuestión supo reconocer su error y subsanarlo escribiendo la carta de recomendación para Albert hacia el final de la serie, no pude pasar por alto el hecho de sentirme un poco Albert por cuanto éste poseía aspiraciones "demasiado altas", lo cual enfurecía a su profesor, quien, herido en su orgullo, se indignaba por el hecho de que un muchachito de apenas 16 años tuviera más habilidades y talento que él, un viejo de cincuenta y tantos. Lo cierto es que la mediocridad es una espesa capa donde se refugian quienes extraviaron el coraje para seguir descubriendo nuevas formas de transformar el mundo.

Mi existencia permanece. Experimenté el ostracismo en la universidad y la hostilidad de los maestros y alumnos en general. Mi existencia es una amenaza para las estructuras.


Escucha el sonido de la luz:

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