Suscríbete

12 junio, 2011

Prólogo en forma de canción reinventada por la nostalgia (Fragmento III)


He visto que las cosas
cuando buscan su curso encuentran su vacío.

–FEDERICO GARCÍA LORCA






Si le darías una mirada a mis paredes, te darías cuenta que están pintadas con lápices de color. A la primera oportunidad dibujé cientos de manos. Mis manos, arrogantes como las nubes. Recorrerías cada pasillo de mi intimidad hasta pulverizarlo. Porque eso es lo que quieres, lo que has venido a buscar, ¿no es así? Me he tomado un tiempo para complacerte, ahora debes brindar por este día; brindemos por todos los secretos que has de descifrar a partir de ahora.


No te quedes mirando la copa de cristal. Es una verdadera delicia ver cómo mis invitados miran esa copa con actitud inquisidora y a la vez desconcertada. ¿Habrá sido un regalo de él?; puedo ver esa pregunta en sus mentes, así como ahora la veo en tus ojos. Pero no, no fue un regalo. Mientras bebíamos tantas lágrimas, el vino permaneció intacto y es tiempo de emigrar. No tengo el valor para ser cobarde, y tú ya sabes demasiado. Esta noche no sólo admirarás mi copa incrustada en una gema azul, también volaremos al día en que decidí usar mi corazón. ¿Aún le dolerá su ausencia?, se preguntaban mis invitados y los que no lo fueron. Yo tengo una pregunta para ti.

Sentémonos, la noche aún es joven, como una infanta de ojos canela, hermosísima como la locura.

1

De niña tapizaba las tardes con música inventada por mis sienes, esas rosas rojas que aún no florecían. Odié tanto el hecho de crecer, hubiera querido asesinar la Biología. Mi cuerpo se convirtió en el estorbo que es ahora a una edad incierta, pragmática. Amo contarte esto ahora porque ya ves que mi sueño se ha hecho realidad. Corría yo por los establos opalescentes de la casa, sembrándome en una oreja, cultivando orejas en los sonidos huecos; fui feliz. Hasta que Monsieur Blanchett me rozó con sus dedos blancos y peludos una tarde en la fiesta de cumpleaños. Nunca olvidaré esa sensación, yo estacionada a lado de la bicicleta sin querer moverme hasta conseguir un caballo, y el grotesco Blanchett acercándose para decirme que era una niña linda, elevando esos dedos horrísonos hacia mi mentón frío de niña violeta. Salí corriendo en mi imaginación hacia Malasia y jamás retorné.

(...)

©Karina Luz

0 comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...