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22 junio, 2011

Prólogo en forma de canción reinventada por la Nostalgia (Fragmento IV)

Prefiero recordar los hechos subsiguientes a esa tarde casi noche, porque mi vida imaginaria fue placentera y asaz interesante. Recuerdo haber tomado las llaves de Flavia para usarlas como remos, levantado el abrigo de Juvenal a modo de canoa, y embarcado en el puerto de M. hacia la nada. El barco oscuro embriagado de mar zarpaba indemne con dirección al aciago augurio de la Cordura. Sendero al futuro. Una brisa de sabor inexplicable se elevaba formando estelas sobre las madera. Yo, la niña de antaño de ojos lumínicos y pies blancos, ya no era niña; por eso el barco era todo resplandor, con velas adultas, firmes rodillas, gruesos párpados. Elizabetha… Continuaba flotando en mis pensamientos, porque las tardes son más dulces que las mañanas. Elizabetha… Y esa voz que me llamaba en tono nostálgico, como si ya la hubiera rechazado hace años. No me interesa bailar.




–Mr. Langley estará muy avergonzado si rehúsa su invitación.




Era éste un señor muy fino, con una fortuna heredada tras de sí expuesta en su convertible y los zapatos italianos. Mr. Langley pretendía acercárseme con intenciones románticas. ¿Habrá algo más desagradable sobre la faz de la tierra? Toda esa cortesía, la mirada puesta en la irrefutable belleza de una, el interés desbordante por el bienestar de una, la falsa disposición para alcanzarme la luna si fuera necesario, me traía más aburrida que si tuviera que peinarme de nuevo después de hacerme una cola. Bailar no me interesa.
¿Pero, qué pasó? De un tiempo a esta parte, me encuentro deslizándome en un vestido violeta, danzando al compás de un vals vienés con Mr. Langley. Debió ser que desperté unos segundos. Langley me mira sorprendido, como si mi semblante hubiera cambiado con brusquedad -de ser una mansa flor a lo que realmente soy. Me excuso y salgo de ese horrible salón, de esa horrible fiesta. Afuera hay noche, es absolutamente hermoso verla cuando no hay nadie. Acabo de decidir zarpar ahora mismo con destino al Futuro. Otros mundos son mejores. Embarco nuevamente hacia M., puedo ver al Mr. Langley azorado y molesto hasta que su rostro amarillo desaparece con la tarde. La noche ha caído sobre mis hombros y me ha hechizado. El enorme vestido me sirve de tapete porque los lugares más bonitos están debajo de la lluvia. Llueven sueños.

(...)

©Karina Luz

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