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13 septiembre, 2012

Mi pequeña orgía*

Predicciones del pasado




Por Karina Luz Bocanegra Salcedo






Se me encomendó diseñar el título del periódico mural, ritual a cumplirse cada mes en el colegio. Cada aula tenía dos pizarras de tecnopor forradas con franela, que yacían colgadas en la parte posterior y reflejaban el sentimiento festivo de fechas conmemorativas. Se organizaba una competencia de periódicos murales basada en criterios de creatividad, limpieza y –principalmente– economía: los adornos costosos nos sumaban estatus.

Mi principal distintivo en esos años impúberes era saber dibujar espléndidamente, ya sea porque nadie más sabía dibujar decentemente o porque me ejercitaba trazando rostros y letras extravagantes durante las adormecedoras horas de clase. Lo más importante era el título. Como era octubre, las letras debían ser violetas en honor al Señor de los Milagros, pero yo anhelaba encontrar un título que no se hubiera usado jamás en la historia de los periódicos murales. Me pasé días enteros buscando palabras en mi diccionario de sinónimo y antónimos que pesaba tanto como dos cabezas de Cristo; al final sólo podía concebir una palabra que había escuchado en alguna conversación o leído en una de las novelas que cubrían mis noches de niña violeta.

Fiesta de Dios. Festín de Dios. Orgía de Dios. Diseñé las letras con especial cuidado, de remates redondeados y astas gruesas. Cuando se llegó el día del Sagrado Periódico Mural en el Sexto B, las niñas no tenían idea del significado de esa palabra, por lo que tuve que explicarme.

–Orgía: Festín, banquete, comilona, jolgorio.
–Ah, suena raro …– decían.

 No sucedió lo mismo con mi tutora y Sor Donatila, porque cuando vio “Orgía de Dios” en letras de cartulina clavadas con chinches, hicieron bajar la pizarra de franela verde para evitar que la herejía llegase a oídos mayores. Al principio se azoraron, pero al notar que yo no tenía idea de la connotación erótica y suciamente pecadora de dicha frase sacrílega que se burlaba de Diosito Nuestro Señor, preguntaron en voz bajita de dónde había sacado la idea. Expliqué someramente que lo que pretendía era reemplazar ‘fiesta’ por una palabra semejante, que llegué a la palabra festín, y por consiguiente orgía. Les describí todos los sinónimos que figuraban en mi gran Diccionario Océano de Sinónimos y Antónimos, y con la ignorancia de aquélla que acaricia el pelaje de un zorrillo con la nariz constipada, sonreí tímidamente. No tuvieron más que reír a hurtadillas del malentendido y pedirme que cambie las letras urgente. 

Al día siguiente se leía, a mi pesar: Fiesta de Dios.  Me deprimí durante toda la semana, porque mi anhelo ferviente de hallar un título revolucionario en la historia de los periódicos murales se había roto como la orgía violeta de papel cartulina diseñada y recortada con devoción. No entendí del todo el alboroto que se armó entre las maestras y Madres superioras que vieron en la palabra orgía -tan cerca de Dios- un escándalo digno de esconderse. Creo que fue en una novela del Marqués de Sade que comprendí la osadía de mi título -muchos años después-, y no es sino hasta ahora que puedo disfrutar de ese momento de mi infancia proscrita. 
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*Artículo publicado en el suplemento dominical "Enfoque" del diario La Industria (2011).
** La vida no es como uno la vivió sino cómo uno la recuerda (GGM).

2 comentarios:

Luis Ernesto dijo...

Me encantó el recuerdo. Te cuento una anécdota que leí hace tiempo. Cuando Boris Vallejo (pintor) era colegial, participó en un concurso de pintura. De seguro te resultará sencillo imaginar la cara que puso el jurado (profes de un colegio religioso) cuando tuvieron ante sí la imagen de la virgen María con un vestido que dejaba ver un bellísimo y turgente muslo desnudo.

"Las personas mayores me aconsejaron abandonar el dibujo de serpientes boas, ya fueran
abiertas o cerradas, y poner más interés en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. De esta
manera a la edad de seis años abandoné una magnífica carrera de pintor. Había quedado desilusionado
por el fracaso de mis dibujos número 1 y número 2. Las personas mayores nunca pueden comprender
algo por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones." A.de S.E. "El Principito"

Café Sideral dijo...

Efectivamente, Saint-Exúpery y Boris Vallejo coinciden en alertarnos sobre los peligros de ser adulto/aburrido/tonto.

La vida debe ser una orgía constante.

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